Dallas Walker nació en Blackwater en 1874, en el seno de una familia trabajadora. Su padre era carpintero y su madre atendía una pequeña tienda general. Creció en Blackwater, una ciudad que, aun siendo pequeña, estaba en plena expansión.
Desde joven, Dallas mostró un talento especial para los números y la negociación. Desde pequeño, viendo como sus padres negociaban a diario, aprendió a buscar la forma de sacar ventaja en cualquier trato.
Al cumplir 16 años, decidió que la ciudad de Blackwater no le presentaba suficientes oportunidades de futuro, por lo que decidio viajar a Saint Denis, con la esperanza de encontrar trabajo. Su viaje lo llevó a trabajar como contable en una destilería, donde pasó años aprendiendo los entresijos del negocio del licor: los costos, la producción, el contrabando y los impuestos. Pero más que eso, aprendió cómo la corrupción manejaba la industria, cómo ciertos políticos y empresarios movían los hilos para mantener el control.
Con 22 años, y habiendo aprendido suficiente y volvió a Blackwater con un sueño claro: abrir su propia destilería y romper la dependencia del licor importado desde el este.
Lamentablemente el gobierno tenía otros planes, cuando intentó adquirir la licencia para abrir su negocio, su solicitud fue rechazada sin explicación. No importaba cuánto insistiera o cuánto dinero reuniera, las puertas estaban cerradas. No tardó en descubrir que ciertos comerciantes de licor de Saint Denis habían presionado a las autoridades de Blackwater para evitar la competencia local. El juego estaba amañado desde el principio.
Frustrado pero no vencido, Dallas tuvo que adaptarse. Se quedó en Blackwater y aceptó un trabajo como seguridad en el saloon más grande de la ciudad, propiedad de la familia Redwell de la cual había sido amigo desde la infancia. Allí, con poco más que un revólver al cinto, aprendió a lidiar con borrachos problemáticos, jugadores tramposos y forajidos que creían que podían hacer lo que quisieran.
Fue en esa epoca cuando escuchó un rumor: la policía de Blackwater estaba buscando nuevos miembros. El departamento necesitaba hombres con temple, con experiencia en tratar con criminales y que entendieran la ciudad.
Dallas no dudó. Si no podía vencer al sistema desde fuera, lo haría desde dentro. Se presentó a las pruebas y, gracias a su astucia, su carácter firme y su anterior trabajo como seguridad del saloon fue admitido.
A los 26 años, Dallas Walker dejó atrás su sueño de destilar whisky para empezar una nueva vida como agente de la ley en una ciudad donde la justicia no siempre era justa.