Andrew nació en el Estado de Washington, hijo de una familia campesina aprendió a labrar la tierra desde muy pequeño. Hábil en los oficios del campo desarrolló un sentido espacial muy importante, ya que el mover ganado y a su vez cuidar los cultivos resultaba muy útil para no perder las plantas listas para la cosecha. Lo criaron siempre con un arco en la espala y a sus 12 años su padre le obsequió un revolver para que perfeccione la técnica y se convierta en un hombre de verdad.
Al crecer, ya en su adolescencia tenía que estudiar, su padre siempre fue reacio a la idea de que lo haga, ya que la tierra no se iba a trabajar sola, mientras que su madre lo empujaba a seguir la escuela y pueda salir de la vida de granjero y convertirse quizá, en un abogado. Con los años no dejaba de trabajar la granja mientras estudiaba la secundaria, tanto así que empezaba a visualizarse con los años, pero no como su madre hubiese querido, si no más bien apegado a la ley como policía. Los hombres en uniforme que veía en la ciudad llamaban su atención por el respeto que imponían y por la noble profesión que realizaban.
Acabado el colegio decidió ser policía, la falta de contactos le negaron esa posibilidad, por lo que tuvo que conformase por algo similar: el Departamento del Sheriff de Oakton. Como aprendiz dio sus primeros pasos, demostrando que su habilidad con las armas y su capacidad deductiva iban más allá del promedio, lo que le valió ascender rápidamente en el cuerpo.
Andrew Taylor, tras una carrera destacable en el departamento del sheriff de Oakton y de ser de apoyo en otras oficinas como Alexandria, cercano a Virginia, donde conoció a otras personas interesantes como Buck Carraig, fue llamado a prestar sus servicios en el estado de New Hanover debido a la alta tasa de criminalidad que azotaba la zona debido a cuatreros y bandidos que asaltaban caminos de día y noche por la falta de efectivos policiales en la zona.
Para el viaje decidió no ir solo, junto con él fue su hermano Frederick, recién incorporado al cuerpo del Sheriff. Lo eligió para no sentirse un foráneo en tierras lejanas y porque el recién nombrado ayudante del Sheriff tenía que curtirse con alguien experimentado para que no cayese en la simplicidad del trabajo o en las redes del hampa. Fue asignado junto a su hermano a la comisaria de Valentine para rendir servicio allí. El deber no esperaba y cumpliendo con sus órdenes llegó hasta aquel poblado a varios días a caballo y tren. Llegó hasta una choza que de milagro lograba sostenerse. Los primeros meses fueron un martirio en aquel lugar, ya que con la lluvia el agua permeaba por todo el piso, porque las goteras -producto de juegos de disparar al techo por antiguos alguaciles- eran tan grandes que el tejado era un adorno. En el invierno lo mismo, la nieve hacía que la comisaría también sea blanca por dentro.
En el departamento del sheriff, se conoció a muchas personas de interés, tanto al Mayor del poblado, al banquero, al tabernero y a gente que se acercaba a saludar. Andrew no dejaba pasar una, y por ello se ganó una fama de hombre recto. Taylor tenía un superior, el jefe del departamento, el señor Clark, hombre obeso y alto de barbas blancas y poco pelo; a contraluz parecía un oso, porque su silueta lo hacía ver enorme. Clark siempre fue buena persona, pero era malo negociando y haciendo respetar la placa de Sheriff, por lo que los alcaldes de turno nunca lo tomaban lo suficiente enserio como para que las cosas mejoren desde lo político y aterricen en la ciudadanía. Taylor era un sheriff experimentado, pero Clark siempre intentaba enseñarle cosas, lo llamaba “la manera en que se hacen las cosas en este lugar”. Patrullaban juntos, no se limitaban solo al trabajo. Con el tiempo lograron dar algunos buenos golpes a bandas de delincuentes que tenían pilladas algunas zonas de los caminos cerca a los ríos. Esto les valió el apodo del ‘duo dinámico’ y de a poco el reconocimiento de los demás departamentos y alcaldes del Estado.
Era una tarde de sábado, tenían la sospecha de que un hombre de los más buscados estaba alquilando una habitación, bajo un nombre falso, en el hotel de Valentine. El duo junto a otros agentes del departamento planificaron todo para la redada y captura de esta persona. Todos rodearon el hotel, pero nadie salía de este, parecía que todo fue un engaño y la persona que buscaba no estaba en el sitio. De repente el rostro de Clark tomó un color rojo, como el de un tomate contrastando en la nieve, tomó su repetidora y entró solo al hotel pateando las puertas y apuntando a todo huésped que se le ponía en frente, todos lo vieron hacerlo mientras aún estaba en la planta baja. Cuando subió las gradas, y al cabo de varios segundos, dos disparos hicieron eco entre los pasillos del edificio, después silencio.
Con la cara atónita de todos los presentes, algunos deputies reaccionaron, corrieron dentro del edificio y subieron las mismas gradas que subió Clark para encontrarse en la puerta de la primera habitación del pasillo a un hombre muerto, tirado boca arriba con sangre por todo el pecho, encima de un charco gigante de sangre que empezaba ya a gotear de grada en grada. Era Clark, no había duda. Los hombres no se detuvieron y entraron con los rifles apuntando dentro del cuarto y se encontraron a otro hombre muerto, encima del escritorio que daba a la puerta, este con un agujero inmenso en el rostro que le hacía colgar una parte del ojo con el hueso expuesto. Este hombre era Clarence, el hombre que Taylor y Clark estaban buscando.
Al cabo de 2 días, tras las ceremonias impuestas por la iglesia y de investigación policial, Clark fue enterrado en el cementerio de Saint Dennis, lejos de sus padres, que habían sido sepultados a un costado de un camino que lleva a Strawberry, cerca al rio.
El departamento del Sheriff al haberse quedado sin su cabeza, el crimen empezó a levantar, no porque los agentes o Taylor era malos en su trabajo, sino que los bandidos aprovecharon cada instante de burocracia y trabas en el departamento para hacer de las suyas. Para combatir todo esto y que el crimen no siga en aumento, el alcalde llamó a todo el pueblo a la plaza central para exponer su malestar y tomar decisiones rápidas en conjunto. Para sorpresa de Taylor, el alcalde lo mocionó para que sea el remplazo inminente de Clark a cargo del departamento. Tras una votación rápida de conteo de manos levantadas, el pueblo se pronunció y el llegado de Washington tomó las riendas de una oficina golpeada por la tragedia que debía a volver a demostrar el porqué de sus capacidades juntando a un grupo selecto de buenos hombres como Carraig y su hermano.