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Historia de fondo
Jorah Mucklow Huckleberry nació en el seno de la temida y oscura familia Huckleberry, una familia que ha perdurado por generaciones a través de la endogamia y una tradición de maldad. Creció en las profundidades de Butcher Creek, un lugar donde la ley rara vez se atreve a entrar y donde las viejas creencias y la locura son la norma. Desde joven, Jorah se formó bajo la estricta influencia de su familia, siguiendo la doctrina de la Fe del Gran Padre, que adora el sufrimiento y la enfermedad como bendiciones divinas.
Si hay algo que Jorah odia con todo su ser, es el trabajo honesto. La idea de pasarse el día labrando la tierra o levantándose al amanecer para cuidar el ganado le resulta más repulsiva que un tónico de su propia receta. Desde niño aprendió que es más fácil vivir a costa de los demás: engañando, estafando, robando o simplemente intimidando a los más débiles. Para él, la delincuencia no es solo una opción… es el único camino que tiene sentido.
Descripción física
Bajo de estatura, de complexión robusta, con un brazo izquierdo débil, Jorah es una figura inquietante. Su piel pálida está marcada por cicatrices y heridas mal curadas. El cabello, rojizo y desordenado, cae sobre su rostro, dándole un aire aún más desaliñado y desconcertante. Su expresión es una mezcla de malicia y burla constante, como si en cualquier momento estuviera a punto de soltar una broma cruel o hundir un cuchillo en la espalda de alguien.
Descripción psicológica
Jorah es un hombre de mente distorsionada, lleno de paranoia y un sadismo que se disfruta tanto como se temía. Su locura se ha ido perfeccionando con cada generación, sumiéndolo en pensamientos obsesivos e irracionales. Aunque pueda parecer calmado en un momento, sus arranques de furia pueden ser tan inesperados como peligrosos. Su risa, que a menudo suena sin motivo, es una señal de la completa desconexión que tiene con la realidad. Mantiene conversaciones con voces imaginarias en las noches oscuras del bosque, y disfruta de torturar la mente de aquellos a su alrededor. A pesar de su brutalidad, tiene una inteligencia inquietante y una capacidad para manipular a los demás con una mezcla de carisma y miedo.
Personalidad
Tocapelotas profesional: Jorah no se calla nunca. Si ve que alguien está incómodo, no solo lo hará más incómodo, sino que lo hará sentir que todo el mundo está mirando.
Defenestrador nato: Si eres capaz de insultarle, prepárate para recibir una descarga de insultos sin filtros. No tiene reparos en devolver la agresión, y lo hará de manera implacable.
Experto en medicina alternativa: Jorah cree firmemente que la enfermedad es la llave para la salud. Su receta para curar lo que sea incluye tabaco masticado, sapos secos y todo tipo de hierbas venenosas.
Manipulador astuto: Sabe cómo usar su encanto enfermizo para conseguir lo que quiere, ya sea provocando miedo o fascinación. Los que lo siguen, lo hacen por una mezcla de respeto y terror.
Sádico "curador": El sufrimiento ajeno no solo no le molesta, sino que lo disfruta. Si tienes fiebre, no dudes que te sacará un litro de sangre para “equilibrar los humores”.
Devoto de la Fe del Gran Padre: Para Jorah, la enfermedad es un regalo divino, por lo que se infecta deliberadamente con todo lo que puede.
Vago incorregible: No cree en el trabajo honesto. Si puede robarlo, estafarlo o simplemente tomarlo por la fuerza, lo hará. Preferiría morirse antes que ganarse el pan con el sudor de su frente.
Historia de curandero
Con el tiempo, Jorah se ganó la fama de "curandero" entre los suyos… aunque, en realidad, lo que él hace se parece más a un cruel experimento. Su "medicina alternativa" incluye brebajes de hierbas sospechosas, ungüentos impregnados con venenos y tratamientos que combinan más miedo que esperanza. Para él, el sufrimiento ajeno es parte de un proceso de sanación, y se divierte con cada queja de sus pacientes.
Es el primero en ofrecerse cuando alguien cae enfermo, pero lo que propone no es exactamente lo que se espera de un curandero. "Si no te mata, es que funciona", dice entre risas mientras prepara un jarabe de aspecto sospechoso. A veces, mientras realiza una sangría o impone un tratamiento doloroso, se puede ver en sus ojos una chispa de satisfacción, como si el sufrimiento de los demás fuera la verdadera cura que busca. La familia lo respeta… pero todos se mantienen a raya, temerosos de ser los siguientes en ser tratados por él.